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LaBiOs ApEsToSoS
Me faltó la noche.
Amaneció demasiado pronto
sin saber cómo llegé al cuarto
después de un viaje por los intestinos de la madrugada.
Cerca del nihilismo
me pongo los pantalones para salir a la calle,
a ver que veo.
Salgo y me doy cuenta de que todo está igual,
los sectores libertad y reforma
están en el mismo sitio y etcétera.
Voy a Belisario y a la Valdez a comprar un diario.
Me siento parte del aire enrarecido por los autos.
Una mujer sonrie,
reposo las nalgas en una esquina cualquiera
frente a un monton de basura inofensiva.
Dirijo mis ojos a la primera plana de la seccion "a":
"... si este país no quiere quedarse rezagado como paí tercermundista
debe acudir a los créditos externos"
Entonces exspelo mi aliento
mezcla de tabaco y cerveza
mezcla de pantaleta nocturna y bar corriente
Tuerzo mi boca y dejo ir una sonrisa sarcástica
entre mis labios apestosos. -
Lo que busca su lugar
yo
Lo que busca su lugar
Lejos de lo anticipado de lo fijo y lo terrible
Yo lo temeroso grito y muerdo
Algo viejo y tibio
Algo ya improbable
La fiebre es abajo allí duele
La fiebre o el tiempo: es igual
La fiebre que empieza seriamente a parecerse a la sangre
La fiebre esa delicadeza
Esa cuestión de cristal
Que nos quema la paciencia
La fiebre ese continente de ASCO esa costra
Caemos amarillamente a la fiebre
Sin ganas
Y después cuesta levantarse y enmtender
Las bifurcaciones las esquinas
Las calles de esa alcoba de muerte
Las sábanas minuciosas que cubren lo viejo. -
DiA GrIs ExTrAñO y CaBrÓn
No hay sol
El astro se está muriendo
allá arriba/solitario
detrás del biombo negro
de las nubes
En vez de rezar por él
lo maldecimos
Se asfixian en las calles citadinas los espíritus
en medio de un calor extraño
que parte las pieles.
No le miraré las piernas
a mi mujer esta noche
ni tocaré su sexo cósmico
Ha ce rato amenazaron
con echarme del trabajo
he hablado polvo en vez de sonidos
niebla amarga en vez de palabras
Observo mosca metamorfoseadas
que danzan por el fin de milenio
y no puedo celebrar
Tomé un autobús
de transporte colectivo
que me alejó de casa/por error
Tengo jaqueca
y aumentan las llamas de mi infierno
Impótente por no poder amar igual que ayer
podría decir:
qué día más largo y dificil...
pero ha resultado más que eso. -
Padrenuestro latinoamericano
Padrenuestro latinoamericano
(Mario Benedetti)
Padre nuestro que estás en los cielos,
con las golondrinas y con los misiles,
quiero que vuelvas antes de que olvides
cómo se llega al sur de Río Grande.
Padre nuestro que estás en el exilio,
casi nunca te acuerdas de los míos;
de todos modos, dondequiera que estés,
santificado sea tu nombre,
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas sucias de la miseria.
En junio de mil nueve setenta y cinco
ya no sirve pedirte "venga a nos el tu reino",
porque tu reino también está aquí abajo,
metido en los rencores y en el miedo,
en las vacilaciones y en la mugre,
en la desilusión y en la modorra,
en este ansia de verte pese a todo.
Cuando hablaste del rico, la aguja y el camello
y te votamos todos, por unanimidad, para la gloria,
también alzó la mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía a pensar "hágase tu voluntad".
Sin embargo, una vez, cada tanto,
tu voluntad se mezcla con la mía;
la domina, la enciende, la duplica,
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuando creo de veras lo que digo creer,
así en tu omnipresencia como en mi soledad,
así en la tierra como en el cielo,
siempre estaré más segura de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora.
Pero, ¿quién sabe?, no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga.
Tu voluntad igual se está haciendo en el viento,
en el Ande de nieve,
en el pájaro que fecunda a su pájara,
en los cancilleres que murmuran "Yes, sir",
en cada mano que se convierte en puño.
Claro, no estoy segura si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse;
lo digo con irreverencia y gratitud,
dos emblemas que pronto serán la misma cosa.
Lo digo, sobre todo, pensando en el pan nuestro de cada día
y de cada pedacito de día.
Ayer nos lo quitaste, dánosle hoy.
O al menos el derecho de darnos nuestro pan,
no sólo el que era símbolo de algo,
sino el de miga y cáscara,
el pan nuestro.
Y ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos, si puedes, nuestras deudas,
pero no nos perdones la esperanza;
no nos perdones nunca nuestros créditos.
A más tardar mañana saldremos a cobrar a los fallutos,
tangibles y sonrientes forajidos.
A los que tienen garras para el arpa.
Poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros, una vez, por error,
perdonamos a nuestros deudores.
Todavía nos deben como un siglo de insomnios y garrote,
como tres mil kilómetros de injurias,
como veinte medallas a Somoza,
como una sola Guatemala muerta.
Y no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado,
o arrendar una sola hectárea de su olvido,
ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río el dólar y su amor contra-reembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia.
Amén. -
MaIcEnA dE fReSa (fadanelli)
Ella estaba parada junto a un cartel de Cuidemos el agua, es por el bien de todos. Tenía un vestido color betabel y zapatos de agujas largas y charol impecable, y su cabello negro, casi de plástico, cortado por unas tijeras bien afiladas. Era tan pálida como una puta del Cáucaso, o si se quiere tan blanca como la avena o como el semen de un toro. "una mujer blanca para esta noche negra y estúpida", pensé. La calle bautizada con el nombre de un santo, la calle estrecha y del fondo de sus coladeras un olor a orines y sangre de rata, y excremento y aromatizador Wizard. Ella mantenía la barbilla alzada, la nuca recargada en la pared, y la mirada extraviada en un cartel de letras enormes, tipografía helvética: "no hay obstáculos, lo que hay son malas decisiones". Me detuve porque tenía los testículos ardiendo, tal vez porque desde hacia muchos meses no recogía a una desconocida para arroparla con mis sábanas sucias, llenas de manchitas de mostaza y refresco de naranja, salpicadas con gotitas de sangre y escupitajos de pluma fuente. Me acerqué a ella, misterioso, como si guardara la navaja en la mano, aunque en lugar de la hoja filosa y refulgente extraje unas pastillas de frambuesa que también brillaron con un rojo intenso. Y se las ofrecí.
Metí la llave en el ojo de la cerradura, a tientas, porque mis ojos estaban en otra parte, y mis labios untados a su pezón, tan duro como una avellana seca. "esperate a que entremos, papito", dijo, y su papito obedeció, empujó la puerta de pino con olor a viejo y a barniz, encendió la luz de un foco de 50 watts y la invito a entrar a un departamento sin alfombras, ni lavadora en el baño, ni closet de puertas averiadas, ni peceras con peces de ojos saltones, ni envolturas de chocolates Hersheys tiradas en el tapete de baño. Y ella entró, fea como en realidad era, descubierta por la vil y amarillenta fatalidad del foco, con su cabello mal cortado y sus zapatos de charol descascarados por el uso, y sus uñas pintadas de un naranja infeliz y su piel dorada como la piel de una tortilla, y su vagina limpia y rojiza como su vestido con una quemadura de cigarro en el escote. "¿Cuánto me cobras por hacer de cenar?". "Nada", dijo, y preparó dos huevos estrellados, supurando aceite, y calentó en un comal pan bimbo y exprimió la salsera como si estuviera estrujando la gran verga para sacarle el último chorrito de catsup.
Nos lavamos los dientes con el mismo cepillo de cerdas jodidas e hicimos buches con astringosol y nos enseñamos la lengua como los que va a agarrarse a madrazos y antes se muestran los puños llenos de anillos y de huesos cicatrizados y nudillos negros. pero la verdad estabamos tan agotados, yo por mi trabajo en la oficina con la mano dolorida de tanto poner sellos en la parte inferior izquierda de cientos de facturas, y de ir en metro hasta Atzcapotzalco a cobrar un adeudo , y volver y esperar a que un puto gerente se le hincharan las bolas para decirme: "vete de una vez para que mañana vuelvas más temprano." Y ella también estaba a punto de dormirse, molesta por la violeta de genciana que tenia a un lado el culo, "me mordió un perro", mentía, porque se la habían cojido ya tres veces, tres malas decisiones que ya había tomado para salvar el obstáculo. "yo soyu tu buena decisión, mi putita", le dije, pero no pudo escucharme, estaba dorida, llenandome el cuello con su olor a astringosol, clavándome la rodilla en los testículos hace un par de horas ardientes y ahora frios como dos albóndigas amoratadas recien sacadas del refrigerador.
Se quedó a vivir en mi casa mientras estuve curandole su mordida de perro, y ella haciendome espaguetis, a veces con crema y a veces con tomate y nunca con mostaza como a mi me gustaban. Pero lo que sí hacia muy bien era chuparmela mientras yo cerraba los ojos imaginandome a la putita caucásica de cabello azuloso y zapatos impecables que recogí en la calle con el nombre de un santo. Y seguir poniendo sellos y firmando facturas se volvió un poco menos aburrido porque sabía que llegando al departamento abriría la puerta de pino y estaría ella ofreciendome un plato de espaguetis con tomate y sus labios hinchados y rojos como una goma de mascar a punto de reventarse, y su culo ya cicatrizado, y mi casa un poco más ordenada, sin los Corn flakes regados por el piso, ni mis calzones Rimbros colgados en la falleba de la ventana, ni la taza del baño tatuada con las costras de orines, ni las cajitas de maicena de fresa almacenadas en el horno de la estufa, ni mis revistas porno tiesas de semen regadas en el piso del baño. A"Al final la puta se cconvirtió en tu sirvienta", me dijo un día antes de que nos casaramos por el civil, porque no teniamos dinero suficiente para masturbar a Cristo, ni para el vestido, y el arroz preferiamos comerlo con plátanos fritos, y chícharos muy verdes, y ejotes blanditos.
Ahora vuelvo a pasar por esa calle donde recogí a mi esposa y madre de mis dos hijos, y suspiro cuando veo a una jovencita de piel amarilla y ojos grande que llaman para decirme: "por qué no nos venimos juntos, papito". Y, haciendome pendejo, dejo mi portafolios Samsonite en el piso para buscar en los bolsillos mientras le veo esas piernas de dieciseis años y los pezones lamiendo el escote de su vestido, y sus orejas pequeñas como de perro chihuahueño, y encuentro un billete de docientos pesos que le muestro pasandoselo por entre las piernas y dándole una débil mordida en el hjombro, "es lo que tengo", le digo, pero ella, tierna, me dice,: "es lo todo lo que valgo", y nos vamos a un hotel llamado Fabiola donde nunca hay agua caliente ni música estereofónica, ni alfombras, ni ropa ordenada, ni cajas de maicena de fresa juntitas y formaditas en la alacena, ni gritos de niños estúpidos, ni putas con el culo cicatrizado exigiéndote a gritos dinero para pagar la renta de el departamento. -
apropiaciones de la urbe
Me gustaría ver un poco peor las nubes
optar entonces por los discretos
por los beatos por los asesinos
juntar mis cruces como vértebras
mis glucosas y mis rutas de gigantes arrugados
mis basureros roncos
y como que ya no quiero impresionar
a los otros con tanto discurso de puertas y litigios
prefiero aplazado asistir a la muerte
de un carro de una carne es lo mismo
prefiero esa parodia de masturbaciones
que algunos llamn ciudad prefiero
usar los huesos y escupir a tiempo
mis lesiones y que los otros me miren y digan
allí va el divorciado
Hoy cuando los humos se juntan
cuando soy una negra delectación
sé que saldré de este cuarto y sabré lo demás
serán los muertos o los niños liminares
los que me harán
atender mi verdad de vitrina
mis vértebras de leche oscura
mientras llevo a los niños
a los cementerios
municipalmente compuestos
lo comprendo -
para cierta ex de cuyo nombre no quiero acordarme
Aquí estás, aquí como una conjuración,
aquí como una sangre absorta,
con eso en la mano, con un corazón verde
o negro tal vez,
con algo que te hace débil y te destruye
como una confidencia o un lento licor final.
Aquí estás como una cicatriz, aquí,
con algo de desterrada, de dividida,
con una herida que cae al suelo
y se quiebra en mil heridas inéditas.
En esta habitación te escucho, te veo no verte,
aquí te extraño, y debajo de la orilla,
de esta orilla que nos separa
te espero y te he esperado
como lo haría un niño sin rostro,
y soy y habito esa fractura que ni siquiera es tuya,
que se pudre después,
en otra sorda residencia y en otro destierro.
Pero los musgos se cansan. -
perro de letras
Lo que no saben es cuánto odio
escribir ahora mismo
lo que ahora mismo leen.
Al final, habré manofacturado
un perro de letras,
un perro obcedado
: otro perro.
Los nigromantes también se pudren, es la verdad.
Puedo imaginar a una niña y a un señor, bailando,
puedo hablar de la soledad y sus dientes de humo, con grandes objetos planos y erguidos, o inventar una música de electrones.
Soy capaz, sí, de grandes palabras de tinta.
Y hablar de veloces ambulancias testamentarias
que vean lo cardiaco
de todas las avenidas.
O especular sobre un mundo sin hombres.
O pensar en un personaje,
muy extraño en la mirada.
No me resulta de ningún modo difícil
bajar y subir a mi gusto
la gran escalera semántica.
Por ejemplo, se me ocurre escribir sobre un
un hombre que vende cajas en la memoria.
Conjurar un Leteo eléctrico.
Hacer que colisionen todos los autobuses.
Poco importa, a mi entender,
si ya he malgastado mi hambre
y lo veo a través de mi mano.
Me aburro en mi tienda de cosas de vidrio,
me aburro entre las formas.
Lo único bueno es uqe ya vienen.
Una jauria de perros me busca,
para despedazarme. -
yo, aquí
yo,
aquí,
entre las torturadas guitarras,
entre otros ciegos convocados,
ciegos
vecinos de los vasos
constantes,
pobres locos amarillos
que aturden la noche
elemental.
Qué sitio de mudis muros,
de muerte decorada en la soledad
y en las pastillas.
Qué desierto de niños con asco
y ecos.
Qué traen de luces heridas,
qué perra pronunciación
de los bordes.
Qué ruido. -
nausea
Hay cabellos lentos
que vienen de cuartos lejanos.
Herido de muerte,
voy diciendo cosas rojas,
mientras escucho la música que sale por el muro.
Podría levantarme
y mirar por la ventana
los lanzallamas
cuando echan fuego
a sus congéneres pobres.
Podría reír hasta que tiemblen las ratas.
Es una idea.
Desde hace un rato
tengo náusea.